miércoles, 22 de mayo de 2013

Bar Iberia


La máquina de café en la esquina donde dobla el mostrador,
como un fabuloso Cadillac quemando ruedas, leche, agua
y al fin el pocillo, que vuela como un no identificado objeto.
Un hombre impávido desliza con los coches su tardecita, pierde su mirada en una mina,
tuerce sus ganas de alcohol.
Limpia sigiloso con la servilleta, lo que queda de viejo en la mesa,
lo que queda de viejo en su voz.
Todo tiene que ver con Montevideo.
Pasa la tarde, cambia el sol su tenor de calor.
Los hombres se van, ya vieron los goles. Y las mujeres.
Las botellas vacías ruedan a los cajones.
Las máquinas quedan llenas de fichas y de ilusión.

Las cuentas, los números, cafetín.